lunes, 6 de febrero de 2012

CUIDADO CON LOS FASCISTAS DE NUEVO CUÑO


Pablo J. Gomez de Barbieri

Creemos que vivimos en una república democrática, libre y ajustada a preceptos constitucionales.Bueno, eso creemos los ciudadanos de a pie, pero no opinan lo mismo algunos grupúsculos y ciertos legisladores autoritarios y fascistas de nuevo cuño, que se creen capaces de ponerse por encima de la Constitución y de las sentencias del máximo intérprete de la misma, el Tribunal Constitucional.

Intentan ejercer de prohibicionistas extremos, de policías morales, o si lo prefieren, de curiosa y ridícula Gesta-po criolla, vulnerando y sobrepasando en exceso los límites que la Constitución ha impuesto para garantizar la libertad de los peruanos y la de los padres para elegir qué formación desean para sus hijos y qué manifestaciones culturales o étnicas quieren inculcar en sus descendientes.

Grupos majaderos de antitaurinos furibundos y violentistas -que dicen defender los "derechos" de los animales, pero agreden físicamente a los asistentes a las plazas- pretenden decidir qué pueden hacer los aficionados taurinos con sus hijos y qué estarían impedidos de hacer. Intentan que se legisle prohibiendo que los menores de edad puedan asistir a espectáculos taurinos, los cuales, según la Sentencia 00017-2010 del Tribunal Constitucional, son espectáculos culturales, que pueden ser difundidos por el sector privado, bajo la protección y amparo del Estado.

Si usted, lector, no es aficionado a los toros, a diferencia de millones de peruanos que a lo ancho y largo del Perú sí lo son, no crea que este tema no le incumbe. A todos los peruanos nos debe interesar que se vulneren los derechos de algunos compatriotas. Hoy vienen por nosotros los neofascistas criollos; mañana vendrán por usted.

Existen en el Perú cientos de plazas de toros firmes y se celebran en nuestro país más de 500 festejos taurinos al año, muchos de los cuales son organizados por las municipalidades y mayordomos de nuestro Perú profundo. Allí, los peruanos de a pie, que suben y bajan las cumbres de los Andes cotidianamente, prefieren contar con una plaza de toros firme, antes que con un estadio de fútbol. ¿A ellos se les pretende prohibir que disfruten de sus corridas en compañía de sus hijos? ¡Qué va, no tendrían forma de lograrlo! Lo que pretenden es sólo el impacto mediático de prohibir el acceso de menores de edad a la limeñísima Plaza de Acho, pensando -en su absurda mente centralista- que Lima es el ombligo del mundo y desconociendo la profunda afición taurina del interior de nuestro país.

¿Y en qué se basan como ridículo pretexto, ya que no argumento? En que, "según especialistas", los toros dañan la siquis de cualquiera con menos de 18 años. La primera pregunta que surge es: ¿qué "especialistas" son esos y qué estudios serios demuestran ello? Nadie lo sabe. La segunda: ¿y qué hacemos con el box, los "vale todo", las películas violentas y sangrientas y los videojuegos llenos de armas, explosiones y sangre, para no hablar de la prensa amarilla televisiva en general que los niños ven libremente y día a día?. Para esto último no hay respuesta. Como ayatollas neofascistas que son, estos fanáticos antitaurinos repiten y repiten su monserga, sin argumento válido alguno, pero eso sí, pretendiendo pisotear violentamente la libertad de otros.