domingo, 19 de octubre de 2014

CONDENAN POR DISTURBIOS Y ATENTADOS A ANTI TAURINOS EN DAX (FRANCIA)

Por Redacción APLAUSOS

Se les han impuesto penas económicas que oscilan entre los 3.000 y los 1.500 euros

El Tribunal de Dax ha condenado esta mañana a los responsables de los disturbios acaecidos en Rion-des-Landes en agosto y noviembre de 2013, según informa André Viard.

El Tribunal ha considerado que el Comité Radicalmente Anti Corrida, la Fundación Brigitte Bardot y la asociación belga Animales en Peligro, habían atentado al derecho al trabajo y habían organizado unas manifestaciones prohibidas.

Ha condenado a las asociaciones por una parte, y a sus directivos a título individual por otra, a unas multas de 3.000 euros cada uno, más gastos de justicia por 1.500 euros, más daños y perjuicios a favor del Ayuntamiento por 1.500 euros, y otros tantos a favor del Club Taurino organizador de las novilladas organizadas en agosto.

Asímismo, ha condenado con las mismas cantidades a Sabine Landais, que había convocado una "protesta ciudadana" en noviembre a través de facebook y de las redes sociales.

Con esta decisión fundamental conseguida por los abogados del Observatorio (Guillaume François y Michel Duffranc que aparecen en la foto), los activistas animalistas saben ya cuánto les puede costar en el futuro insultar a los aficionados e intentar impedir el buen desarrollo de los festejos taurinos.

Además, los mismos ocho activistas que han sido condenados en Dax por los acontecimientos de Rion, están inculpados por hechos similares acaecidos en varias ciudades, con lo cual es de suponer que la jurisprudencia de Dax se aplicará también en Nimes, Vic, Maubourguet y otras jurisdicciones.

domingo, 5 de octubre de 2014

FRNCIS WOLFF: "LOS TAURINOS DEBEMOS ALZAR LA CABEZA CON EL TESORO QUE TENEMOS"


Tomado de "Los Toros y la Filosofía" por el Centro de Etnográfico del Toro de Lidia, de Castilla y León (España). 

Francis Wolff

Cuentan la historia siguiente. Se encuentran, en los años 50, el mayor filósofo alemán, Heidegger, y el mayor filósofo español, Ortega y Gasset. Pregunta el primero, con un punto de xenofobia: “¿Por qué hay tan pocos filósofos españoles?”. Responde el segundo, con un punto de ironía: “¿Y por qué hay tan pocos toreros alemanes?”.

Esa historia es ciertamente inventada pero tiene su fondo de verdad. Los países de fuerte tradición filosófica no fueron tierras taurinas, y viceversa. Del lado no taurino, vale la pena señalar unas alusiones de parte de Rousseau o de Kant (en su Antropología) a la valentía del carácter del hombre español comprobada por la tauromaquia. Del lado taurino, la Filosofía de los toros, del famoso periodista Santos López Pelegrín “Abenamar”, editor de la Tauromaquia de Francisco Montes “Paquiro”, es un tratado sobre los toros pero que no tiene nada de filosófico en el sentido estricto del término.

También es el caso de la Filosofía del toreo, de B. Torralba de Damas con un prólogo de Marcial Landa eilustraciones de K-Hito.

¿No habrá intersecciones entre especulaciones auténticamente filosóficas y conocimientos de las cosas taurinas? Sí, por supuesto. “La caza y los toros” (Revista de Occidente, Madrid, 1968), de José Ortega y Gasset, contiene el “Epílogo” que escribió para el libro de Domingo Ortega “El arte del toreo”, con algunas reflexiones sobre el toro bravo, así como algunos fragmentos taurinos inéditos del mismo autor. Del lado antitaurino, debe uno señalar los Escritos de toros (Unión de Bibliófilos Taurinos, Madrid, 1964), una colección de artículos, notas y dibujos de Miguel de Unamuno, en los cuales lamenta el hecho de que los aficionados –los ‘deporteros’ contemplativos– no se entreguen al juego de las ideas sino que pasen los días discutiendo de fútbol y toros.

Muy diferentes son las aportaciones recientes de algunos filósofos españoles y franceses al pensamiento de las corridas de toros, que ponen su racionalidad filosófica al servicio de su afición taurina, o, dicho en otros términos, ponen su experiencia de espectador taurino al servicio de sus reflexiones filosóficas. Se trata, en primer lugar, de Víctor Gómez Pín, filósofo catalán bien conocido, cuya aportación a la ética de la fiesta es manifiesta en su obra “La escuela más sobria de vida. Tauromaquia como exigencia ética” (Madrid, Espasa Calpe, 2002), inspirada por reflexiones proustianas sobre la relación entre el arte y la vida. Pero no se debe olvidar las convincentes defensas de las corridas en nombre de los valores humanistas de Alain Renaut (Catedrático de Filosofía moral y política de La Sorbonne) en “L’esprit de la corrida”, La Règle du jeu, (París, Grasset, 1992) o en “Critique, Éthique et esthétique de la corrida”, 723-724 (de agosto-septiembre 2007).

En la misma prestigiosa revista literaria (fundada por el escritor, aficionado a los toros, G. Bataille), hay dos contribuciones originales: una de Christian Delacampagne, filosofo del arte y de la política, acerca de las peculiaridades del espectáculo taurino, y otra de Vincent Delecroix, filósofo de la religión y especialista de Kierkegaard, sobre las singularidades del ritual en los toros.

¿Por qué filosofar sobre los toros? Es verdad que la fiesta no necesita filosofía; tampoco la necesitan la pintura, la música o la poesía. Quien necesitaba filosofar sobre los toros era yo.

Después de casi 40 años como aficionado a los toros y filósofo profesional, necesitaba reunirme conmigo mismo. A falta de poder curar sus pasiones, un filósofo debe esforzarse por expresarlas en el idioma de la razón. Y, en mi caso, se trataba de saldar una deuda: devolver a la fiesta de toros un poco de la experiencia absolutamente singular y sin embargo universal que me ha ofrecido y el sinfín de goces que me brinda transponiéndolos en una lengua extranjera y universalmente accesible (por lo menos, eso es lo que intenté hacer), la de los conceptos y los argumentos.


Digo “extranjera” porque no suele uno hablar de toros en términos racionales. Parece una empresa incongruente. ¿Qué sentido puede tener «filosofar» sobre un arte, menor donde los haya, o sobre un juego, por serio que sea? No es que haya temas inconvenientes o asuntos demasiado fútiles para la filosofía. Por lo demás, la corrida de toros no es ni inconveniente ni fútil, sino, si acaso, edificante y grave más bien. Infunde a quienes la aman y la comprenden, emociones y alegrías tan profundas y refinadas como las artes más estéticamente correctas. Es más bien que no se sabe cómo podría la filosofía abordar la corrida de toros.

Dicen que la filosofía se esfuerza por responder a dos preguntas fundamentales: la pregunta “¿qué es?” (dicha de esencia) y la pregunta “¿por qué?” (dicha del fundamento). Ahora bien. ¿Qué es la corrida de toros? Nadie lo sabe. Nadie puede responder a esa pregunta –y la filosofía aún menos–. Pero quizá se puede filosofar sobre este mismo hecho: la corrida de toros no puede ser definida. Se puede hacer su historia, describir sus fases, determinar sus reglas, pero no se puede decir lo que es. ¿Por qué? Porque no encaja en ninguna categoría definida.

De hecho, la fiesta no es ni un deporte, ni un juego, ni un sacrificio, y no es exactamente un arte ni verdaderamente un rito; toma algo de todas esas prácticas, que son la cultura misma, y hace de todo eso una creación original y, por así decirlo, única. Con un poco de todas las grandes prácticas humanas, por más superficial que sea ese “poco”, hace su propia profundidad. Por ejemplo, al deporte le toma prestado la escenificación del cuerpo y el sentido de la hazaña física. De las bellas artes, toma lo esencial: la transformación de una materia bruta (que es la arrancada natural de un toro bravo) en una obra humana, armoniosa, templada, como en la doma, se humaniza al animal. De los cultos toma la obsesión de los signos, y por ellos mantiene el hipertrofiado ritual que le caracteriza. Al juego le toma prestado la gratuidad y la finta.

Hace la tragedia real, porque se muere de verdad, pero sin embargo teatraliza la lucha a muerte, porque vida y muerte se juegan disfrazadas en traje de luces. De un juego hace un arte, porque no tiene otra finalidad que su propio acto; de un arte, hace un juego porque entrega su parte al azar. Espectáculo también lo es, por supuesto, quizás el más aparatoso de todos. Pero es el espectáculo de la fatalidad y, al mismo tiempo, de la incertidumbre (donde todo parece necesario y posible), donde todo es imprevisible –como en una competición deportiva– y el final conocido de antemano –como en un rito sacrificial–. De tal forma que la corrida no pertenece a ninguna categoría predefinida –pero es la reunión en un acto único de todos los componentes de la cultura humana–. Por eso, en todas las civilizaciones humanas donde hubo toros bravos, se inventó una tauromaquia.

La segunda pregunta filosófica es la cuestión “¿Por qué?”. Tampoco se puede responder a esa pregunta, pues sería saber responder a la pregunta “¿qué es el hombre?”, como acabamos de observar. Pero hay una manera indirecta de responder al “¿por qué”, que es determinar “¿para qué?”. O sea los valores. Por lo tanto, ¿Cuáles son los valores de la fiesta?

Hay muchos. Valores ecológicos: biodiversidad, cría extensiva, equilibrio del ecosistema de la dehesa, respecto de la naturaleza del animal en sus condiciones de vida, etc. Valores humanistas: grandeza del hombre, victoria de la inteligencia sobre la fuerza, de la cultura sobre la naturaleza, etc. Valores éticos: el coraje, la abnegación, la lealtad, el desdén del sufrimiento, la señoría del cuerpo por la mente, etc. Valores estéticos, lo bello y lo sublime: lo bello, o sea la mesura, la disposición de todas las partes en un todo; lo sublime, o sea la desmesura, el exceso de todas las partes en el todo. Y la corrida de toros, por veces, nos ofrece lo bello, por veces lo sublime.

Pero quizás no lo más importante, sino lo más aparente, entre todos esos valores, sea la fusión singular de ellos que proporciona la fiesta de los toros. Se trata de una práctica, de un espectáculo, de un arte, de un rito (¡lo que sea!) en el cual los valores estéticos se confunden con los valores éticos. Y es la única práctica viva de este tipo, no veo otras. En general, en nuestra época, está por un lado el arte (que produce, a veces, obras bellas o emocionantes, a veces trastornantes), y está, por otro lado, la vida (donde se manifiestan, a veces, conductas dignas o sabias, a veces heroicas). Pero el arte siempre se opone a la vida.

La corrida de toros es, precisamente, la fusión de los valores estéticos del arte con los valores éticos de la existencia. Y esto nos remite al origen mismo del arte, o mejor dicho a su mayor razón de ser, en el cual el « bello gesto » es al mismo tiempo gesto moral (por lo que muestra de valentía, de generosidad, de grandeza, y sobre todo de lealtad para con el adversario), y también gesto artístico (por lo que muestra de armonía, de pureza, de equilibrio, de poder expresivo). Los griegos tenían una sola palabra para designar lo que admiramos en una persona: kalon, que significa al mismo tiempo bello y bueno.

Kalon es la postura del torero en cuanto torero, o sea no solo cuando torea bien «como Dios manda», sino cuando está en torero. Porque Kalon se refiere a la cualidad del cuerpo visible, a la elegancia sensible, a la armonía de una obra equilibrada, pero también a la cualidad de la actitud moral, a la elegancia del alma, a la postura de quien está en armonía con el mundo, al mismo tiempo sereno y despegado, al mismo tiempo atento y distanciado de los acontecimientos, distanciado de sus propios intereses vitales inmediatos, hasta el punto de parecer elevarse más allá de su propia vida. La corrida nos dice: en el gesto torero, en la suerte lograda, en la bella tanda, en la gran faena, no podemos distinguir lo que es ético (valiente, entregado, conquistado sobre el riesgo de herida o de muerte) y lo que es estético (armonioso, necesario, magnífico, sublime).

La corrida nos dice: el derecho de matar al animal respetado, sólo se adquiere al precio de jugarse la vida. Y ese riesgo no es vano, como en las apuestas adolescentes, pues produce una obra, no con el toro –adversario en el combate que debe ser dominado y vencido– sino con su embestida, que debe ser formada, informada, transformada, que debe ser conducida, apaciguada, acariciada, en suma desnaturalizada, para que se haga bella, humana, poética. La corrida une lo bello y lo bueno, como también une el arte popular con el erudito, como también une los dos lados de toda creación humana: el sol con la sombra, la fiesta de la vida con la tragedia de la muerte. No hay ninguna otra creación humana tan rica. Por eso, nosotros, aficionados a los toros, tenemos que alzar la cabeza con el tesoro que poseemos.


domingo, 28 de septiembre de 2014

JOAQUÍN SABINA: "NO VAYAN A LOS TOROS SI NO QUIEREN PERO DEJEN DE TOCARNOS LOS COJONES"


El famoso cantatautor Joaquín Sabina lanza un duro ataque a los antitaurinos y les emplaza a que "no hablen ni de ecología ni de amor a los animales"

Si por algo se caracteriza el cantautor Joaquín Sabina es por decir las cosas como las piensa, sin preocuparse de quiénes son los destinatarios de sus críticas. En esta ocasión han sido los adalides de la campaña por la prohibición de los toros en Cataluña y, en general, todos los movimientos antitaurinos.

Sabina, amigo y admirador confeso de José Tomás, es un firme defensor de la libertad individual para acudir a la Fiesta de los toros, y se ha significado siempre en su defensa. La última vez, en una entrevista concedida al diario "20 minutos", en la que responde a la campaña desatada en Cataluña. "El que no quiera ir a los toros, que no vaya. Y que se dejen de tocarnos los cojones, que hay cosas más importantes. Pero que no hablen de ecología ni de amor a los animales, porque no conozco a nadie que los ame más que los ganaderos y los toreros", afirma.

"Si yo fuera animal, me gustaría ser toro de lidia: a ninguno se lo respeta más. Ninguno está mejor tratado. Y además, tiene la posibilidad de que lo indulten y pasarse toda la vida follando vacas sin parar", concluye.

Fuente: La Razón.Es

domingo, 21 de septiembre de 2014

ALCANCES DE UNA PROVIDENCIA

Por: Luis Alfonso García Carmona, Director Ejecutivo ASOTAURO

Revuelo causó en el mundillo taurino, y en gran parte de la sociedad colombiana, el fallo de la Corte Constitucional, del cual se conoció su contenido a través de un comunicado de prensa de la misma Corte, por medio del cual se tutelaron los derechos impetrados por la Corporación Taurina de Bogotá que habían sido vulnerados en forma inconstitucional e ilegal por la Administración Petro.

Duró casi un año el período de incertidumbre, el cual fue aprovechado por enemigos de la Tauromaquia incrustados en los medios de comunicación, para hacer creer a los ciudadanos que la Fiesta Brava estaba por desaparecer en el país.

Por fortuna, vino la Corte a ratificar lo que siempre ha sostenido, es decir:

* Que la Tauromaquia es una expresión artística del ser humano y que, como parte que es de nuestra cultura, debe ser protegida por el Estado.

* Que dicha protección debe armonizarse con la morigeración o eliminación del maltrato animal, función que correspondería al legislador y no a las asambleas, concejos, alcaldes o autoridades administrativas en general.

* Enfatiza la falta de competencia de las autoridades locales para imponer al espectáculo taurino condiciones más restrictivas que las ya existentes en la ley, o para obligar a modificar su estructura impidiendo, por ejemplo, la muerte del toro.

Declaró, además, la Corte que la Administración Distrital incurrió en la vulneración al derecho fundamental al debido proceso y al derecho a la libre expresión artística, cuando revocó en forma unilateral y anticipada el contrato que tenía suscrito con la Corporación y supeditó la realización de espectáculos taurinos a la eliminación de la muerte del toro.

Falla, en consecuencia, ordenando la reanudación del espectáculo taurino en el plazo de 6 meses y le ordena de manera tajante “abstenerse de adelantar cualquier tipo de actuación administrativa que obstruya, impida o dilate“ el restablecimiento de la plaza de la Santamaría como recinto del espectáculo taurino.

No queda, en nuestra opinión, otra alternativa, al Alcalde Petro que acatar lo ordenado. Y a los taurinos, especialmente a los residentes en la capital, queda la tarea de convertirse en veedores de oficio para que el contundente fallo se cumpla.

domingo, 14 de septiembre de 2014

JULIO CORTÁZAR Y LAS CORRIDAS DE TOROS

Julio Cortázar acudia siempre que podia a las plazas de toros y trataba de seguir la actualidad taurina. El genial autor argentino hacía incluso menciones en sus obras. Así pues, podemos encontrar varios pasajes de su obra más conocida, Rayuela, en la que el personaje Perico Romero hace mención a la Fiesta.

También en sus cuentos se aprecia su interés por la tauromaquia. En un pasaje de “Lucas, sus clases de español”, capítulo perteneciente a la primera parte de “Un tal Lucas”, Cortázar hace un extracto de una crónica taurina publicada porJoaquín Vidal en El País. El texto de Vidal era utilizado por un profesor para enseñar español – Revista Aplausos. 

Por Guillermo Rodríguez.

Ayer hace un siglo nació Julio Cortázar, el incomprable autor de ese texto monumental “Rayuela” que ha marcado varias generaciones.

Julio Florencio Cortázar fue un escritor, traductor e intelectual de nacionalidad argentina. Optó por la nacionalidad francesa en 1981, en protesta contra el gobierno militar argentina. Nada se le escapó en su fructífera existencia.Ese hombre ordenado, alto, corpulento que nunca dejó ser niño.

En la primavera de 1956, Cortázar, que tiene 42 años y vive en París, viaja por primera vez a España, con su mujer, la traductora Aurora Bernárdez (a la que, en las cartas, llama con el apodo cariñoso «Glop»). Unas cosas le gustan y otras, no: disfruta con Gaudí, en Barcelona; Toledo, Ávila y Segovia le parecen «fabulosas»; le encanta la singularidad del paisaje gallego…

De Madrid, Cortázar destaca el Prado, los frescos de Goya en San Antonio de la Florida, el Lázaro Galdiano… y los toros. Escribe el 27 de mayo de 1956, según lo recuerda ABC:

«A todo esto ya habíamos visto dos corridas de toros, y estábamos Glop y yo convertidos en dos aficionados entusiastas. Se podrá hablar un día entero de la decadencia de la tauromaquia, de lo mucho que hay de malo, las famosas homilías sobre la crueldad, etc., pero hay algo que queda en pie, y es la hora de la verdad, es ese momento en que toro y torero están solos y toda la plaza guarda silencio hasta el minuto perfecto del torear ceñido, y los “olé” que festejan sucintamente cada cita y cada pase».

No es raro que la Fiesta haya impresionado a una persona de una sensibilidad estética tan refinada como Julio Cortázar, que subraya «la hora de la verdad»: ese concepto básico de la Tauromaquia, que dio título a la película de Francesco Rossi sobre Miguelín.  

En ese San Isidro, pudo emocionarse Cortázar viendo a los jóvenes Manolo Vázquez y Antonio Ordóñez, el poderío de César Girón, las tres veces que citó a recibir Antonio Bienvenida... Concluyo con un recuerdo personal: después de habernos escrito, tuve la alegría de conocer personalmente a Julio Cortázar… en el patio de arrastre de la Plaza de Las Ventas.

Ahora lo entiendo mejor: Cortázar se incorpora, así, a la inacabable lista de grandes artistas que han sentido fascinación por la Tauromaquia.

domingo, 7 de septiembre de 2014

ESTOCADA EN TODO LO ALTO AL ALCALDE PETRO DE BOGOTÁ (COLOMBIA)


Si en algo es importante la decisión de la Sala Constitucional colombiana, es en la demostración fehaciente de que la cultura pertenece a los pueblos y no a sus autoridades.

Los aficionados del mundo, tenemos desde hoy una deuda con Colombia, por la defensa “a muerte” que han hecho de la Tauromaquia.

Madrid 3-Septiembre-2014

En la cuna de las leyes de la América hispana, han triunfado el valor, la inteligencia, la audacia e intrepidez de los novilleros colombianos, que se sacrificaron en una prolongada huelga de hambre durante 29 días, hasta lograr que la Sala Constitucional se pronunciara a favor de la vuelta de los toros a la Plaza Santamaría de Bogotá.

La sentencia, que resuelve el recurso presentado en su día por la Corporación Taurina de Bogotá, deja claro que la acción del Alcalde Gustavo Petro en contra de una parte de la cultura del pueblo colombiano, estaba marcada por la ilegalidad, la intolerancia y la vanidad de quien desde un alto cargo público se cree con el derecho a decidir sobre los temas mas íntimos de su pueblo: sus aficiones, tradiciones y costumbres.

Si en algo es importante esta decisión de la Sala Constitucional, es en la demostración fehaciente de que la cultura le pertenece a los pueblos y no a sus autoridades. Que son los pueblos los que deciden con su participación activa, cuales son los vectores de su comportamiento cultural, y que por encima de los pueblos solo está Dios.

Los novilleros han cumplido una jornada histórica para la Fiesta de los Toros, arropados por esa gran figura del Toreo que es el Maestro César Rincón, quien ahora alcanza otra dimensión que lo convierte en legítimo líder de la causa, pues tuvo el arrojo suficiente para enfrentar a Petro, irse a sus terrenos, plantarle cara y tal cual a “Bastonito”, de Baltazar Ibán, cortarle las orejas.

Pero todavía queda camino por recorrer. Este es el momento para exigir al Presidente de Colombia Juan Manuel Santos y a su Ministra de Cultura, que pongan de una vez por todas el blindaje definitivo a la Tauromaquia, reconociéndola como parte integrante del Patrimonio Cultural Inmaterial del pueblo colombiano, de conformidad con la Convención de la UNESCO que rige la materia, como lo han hecho España y Francia.

Ahora los aficionados, profesionales del toreo, matadores de toros, novilleros, banderilleros, picadores, periodistas, empresarios, ganaderos y todos aquellos que viven de este grandioso espectáculo deben hacer causa común, para que definitivamente se reconozca el valor universal de la Tauromaquia en su sentido más amplio, que en Colombia abraza corridas de toros, novilladas, de rejones, becerradas, festivales, encierros, corralejas, etc. para así evitar que un nuevo Petro, con similares veleidades políticas nos cree una situación parecida.

La suerte está echada, veremos toros en la Santamaría de Bogotá gracias a la inteligente estrategia y trabajo de la corporación taurina de Bogotá y su denodado esfuerzo, y a los novilleros colombianos que marcaron el rumbo, pero no nos confiemos, los mansos cuando están heridos suelen tener tanto o más peligro.

¡Viva la Tauromaquia!
¡Vivan los novilleros colombianos!

AIT

Fuente: Blog Perú Taurino.

domingo, 31 de agosto de 2014

¡AY, LOS TORITOS...!

Por: Antonio Caballero
Todos los animales padecen dolor por culpa de los hombres. Y todos mueren. Solo la muerte inevitable de los toros es digna: en la pelea. No en la ejecución infame y sin defensa a la que son sometidos todos los demás.
Hace tres semanas unos cuantos aficionados a los toros publicamos un manifiesto sobre la tolerancia, que sigue firmando gente. Y saltó el nuevo alcalde de Bogotá Gustavo Petro a hincarle el diente al asunto, declarando con prosopopeya que él está a favor de la vida, y no de la muerte. Estrictamente hablando, el tema no le compete: pero es apetitoso para alimentar prensa (ya lo habrán visto ustedes). 
Y si no se los hubiera apropiado de antemano con brazo de hierro la demagoga senadora Gilma Jiménez, ya tendríamos a Petro sacándoles también jugo de la yugular a nuestras niñas y nuestros niños. Y a ver qué hace con nuestros pobres e indefensos caballitos, víctimas inocentes de los malvados zorreros que solo viven para torturarlos. 

Pero hablemos en serio.

Cien veces han querido prohibir las fiestas de toros. Desde que existen. Lo han pretendido todos los poderes: los papas de Roma, los reyes de España, los presidentes de diversas repúblicas, los alcaldes, los jueces, los parlamentos, la prensa bienpensante. Con argumentos variados: el peligro para la vida humana; el rechazo a la imposición de una costumbre foránea; el dolor causado a los animales. 

Todos ellos son pretextos espurios. La vida humana está en riesgo siempre: habría que prohibir todos los oficios, desde el de torero hasta el de papa (y también el de alcalde). Todo en la historia ha sido en su origen imposición extranjera: las religiones, las fiestas, las prohibiciones. Todos los animales que tienen contacto con los hombres (que son todos los animales) padecen dolor por culpa de ellos. Y todos mueren. Pero de todos ellos los que mejor vida llevan son los toros de lidia. Cuatro años de holganza y protegida libertad en el campo, y media hora final de lucha a muerte. Y la muerte inevitable, pero digna: en la pelea. No en la ejecución infame y sin defensa a la que son sometidos los cerdos o los pollos, los atunes o las ratas, o los gusanos de seda. 

Hasta aquí, las razones para enfrentar las razones que alegan los antitaurinos (que no tienen razones, porque por lo general no saben de qué hablan: nunca han ido a los toros y lo que dicen es de oídas, o de prejuicios de sordos). Las razones en contra de los que están en contra. Pero las que de verdad importan son las razones a favor. A favor de los toros, y a favor de las fiestas de toros.

A favor de los toros bravos: los más hermosos animales de la creación. De la creación ayudada por el ingenio humano. Pues el toro de lidia no es un animal natural, como pueden serlo el jaguar o el tiburón, sino el producto de la selección y de la crianza, como el caballo de carreras o el perro guardián. El toro bravo es bello en la paz del campo; y lo es en la batalla: en el mismo campo con sus congéneres, o con los hombres en la plaza. Y lo es también en la muerte. Esa que se llama 'muerte de bravo' de un toro bravo en el ruedo, ya matado por la espada pero todavía en pie y negándose a aceptar la agonía por terquedad o por orgullo, o -para no abusar del antropomorfismo lírico connatural al tema taurino- por ganas de seguir peleando. La 'muerte de bravo' de un toro bravo en la plaza, ante el público que lo ovaciona, es la única muerte de un animal que es bella.

Y a favor de las fiestas de toros. Las hay primitivas y salvajes: las corralejas de la Costa colombiana, los correbous de Cataluña. Son estremecedoras, dionisíacas y terribles. Pero las razones de mi defensa quieren ir ante todo a favor de la corrida de toros ordenada, para usar la frase del ritual, 'como mandan los cánones'. A favor de esa combinación sutil de civilización y de barbarie que es la corrida de toros, resultado del arte de la crianza, del arte del combate y del arte del juego con la muerte, que a la solemnidad del rito une la profundidad del sacrificio. Porque una corrida de toros no es una carnicería, sino una fiesta. 

Volviendo a los que quieren prohibir esa fiesta: lo suyo es, simplemente, que quieren prohibir. Su placer consiste en impedir el placer de los demás. Para decirlo con una antigua frase de la sabiduría moral: tienen pesar del bien ajeno. 

Y ese pesar del bien ajeno es lo que más éxito tiene en política, como lo está mostrando el nuevo alcalde de Bogotá. 

Fuente: Semana.Com